CASTROMAO, TERRITORIO DE LA TRIBU COELERNI

En las afueras de Celanova encontramos un yacimiento arqueológico castreño, Castromao. Situado a más de 700 m. de altitud, es uno de los mejores ejemplos de la cultura castreña del Noroeste de la Península Ibérica. En su etapa de apogeo, éste estaba amurallado por un cinturón de medio kilómetro de longitud. La tribu celta que vivía en él se denominaba coelerni, la cual estuvo allí desde el s. VI a.C. al s. II d.C.

Vista aérea de Castromao

Con la llegada de los romanos, se fue realizando el traslado de la población hacia las llanuras, de ahí una intensa ocupación rumana a los pies de la muralla. Precisamente la parte más excavada se encuentran entre las murallas, donde se encuentran varios grupos de viviendas, sobre todo circulares, y algunas de planta rectangular.

Entre los objetos obtenidos en las excavaciones arqueológicas se ha obtenido el trisquel calado de Castromao (s. I a.C.-I d.C.), la figura zoomorfa, el tesorillo de monedas (53 denarios y 1 áureo) o la Tabula de hospitalidad. Estas piezas se encuentran en el Museo Arqueológico Provincial de Ourense.

La visita a este castro es una oportunidad para disfrutar de un entorno al aire libre y conocer los vestigios de nuestro pasado.

Castromao

El yacimiento arqueológico de Castromao pasa por ser uno de los principales referentes de la cultura de los castros del Noroeste peninsular, tanto por su larga presencia en el tiempo (por lo menos desde el siglo V la. C. hasta el siglo II d. C), como por la riqueza documental que salió a la luz a partir de las sucesivas excavaciones e investigaciones que llevaron a cabo a lo largo del tiempo algunos de los más prestigiosos arqueólogos y historiadores de la historia contemporánea gallega.
Cómo llegar

Historia

En este Xeodestino encontraremos monumentos megalíticos, aldeas abandonadas y el testimonio del paso de los legionarios romanos por la calzada XVIII o Vía Nova; construcciones populares, como molinos, colmenas amuralladas, cabañas de pastores, hórreos, hornos comunales, caminos y cercados, que revelan el alma más creativa de sus pobladores.

Estamos en un lugar privilegiado para descubrir restos de nuestros ancestros. En la sierra de O Laboreiro se encuentra una de las mayores concentraciones de túmulos o mámoas de Europa y los dólmenes de Maus de Salas y Val do Salas bien merecen una visita. Durante la romanización este territorio conoció la construcción de la Via Nova, que unía Braga con Astorga, lo que propició que se erigiesen edificaciones civiles como el campamento militar Aquis Querquennis, en Bande, o la villa con funciones de posada viaria e instalación termal, Aquis Originis, próxima a los Baños de Riocaldo en Lobios.

Otra visita obligada es la iglesia visigótica de Santa Comba de Bande, del s. VII, única construcción que se conserva de un antiguo monasterio. La aldea de Cela en Lobios, con sus construcciones sobre bolos graníticos, y las Cortes da Carballeira en Entrimo son dos muestras de arquitectura popular que te recomendamos visitar. Celanova es tierra de poetas como Curros Enríquez o Celso Emilio Ferreiro, sin duda inspirados por la belleza del entorno.

La Plaza Mayor de Celanova está presidida por el majestuoso Monasterio de San Salvador, una de las joyas del barroco en Galicia. En los alrededores, el castro de Castromao y Vilanova dos Infantes, villa medieval con casas señoriales alrededor de una antigua torre. 

Explora nuestros lugares con mucha historia:

Ramirás

Desconocerá el viajero, de donde procede el nombre de Ramirás. Sin embargo, poco tendrá que adentrarse en este municipio para darse cuenta de que, orográficamente, Ramirás es sinónimo de valle. Un valle de suaves lomas que riega, camino del horizonte y el mar, el río Arnoia.

Un valle que tiene su atalaya preferencial en los altos de la sierra de Silvaoscura, con dos miradores preponderantes en su ladera: Las de San Paio dos Pitos y San Adrián, desde los que el viajero podrá contemplar en sólo un golpe de vista el curso del río y el más allá, pongamos por caso el coto Novelle, el coto de Trelle o Castromao, todos ellos vestigios de culturas ancestrales.

San Paio dos Pitos
San Paio dos Pitos

Cuenta, Ramirás, además, con alguna que otra leyenda que ayudan a acrecentar su atractivo. La primera y primordial tiene que ver con la fundación de su “mosteiro”, que hoy día nos regala en sobriedad el otro ejemplo de románico que se conserva en la comarca y que en otro tiempo fue solar de acogida para la antigua abadesa de Santa Comba de Bande, la monja Onega, coprotagonista de una historia “que primero fue lícita, a los medios fue deshonesta y a los fines escandalosa” con su amante Odoyno, y que bien pudiera ser trama argumental para una película.

Y por contar, cuenta incluso con la virgen de Guadalupe, en el rincón de Abeledo, al pie del río Arnoia. Así como con lo que queda de “La levada” de Paizás, un ejemplo de conducción acuífera, obra de los monjes de Celanova, y que da fe de la riqueza agrícola del valle.

Celanova

Desde lo alto de la Casa da Neve, Celanova se abre a los ojos del visitante como la ruta turística con mayor capacidad didáctica de Ourense, ofreciendo a la vez la placidez de una excelente geografía con la docente candidez de una historia que enseña sin molestarse.

Nada más y nada menos que cinco mil años son los que la humanidad ha dejado plasmados en el lienzo indeleble de una tierra que inspira, sobre todo, capacidad para el sosiego y la contemplación, para el paseo y la literatura, para la piedra y la palabra.

Claustro
Claustro barroco

El mito del neolítico en los petroglifos de Freixo. La reivindicación autóctona de la cultura castreña, en Castromao. La incruenta colonización romana reproducida en la Tábula y que deja paso al caminante sobre el Arnoia en Pontefreixo. El vacío de la época sueva. El revuelo de la Edad Media con sede en el mozárabe de San Miguel, en el burgo medieval de Vilanova o en el silencio secular de Milmanda. La lenta y poderosa evolución del monacato fundado por San Rosendo (“os dejo una obra maravillosamente edificada”). La historia y la leyenda entrelazadas en la Virgen del Cristal (ahora desaparecida). Y el salto a la modernidad de las tres culturas a las que acabaron dando voz los poetas… Todo ello convive hoy en un espacio que cabe en un pañuelo y que no puede responder a otro nombre que el de “Onde o mundo se chama Celanova”.